lunes, 26 de mayo de 2008

¿Acompañamiento o castigo?

¿Acompañamiento o castigo?

Hay que hacer parecer lo inteligible sobre un
fondo de vacuidad y negar una necesidad,
y pensar que lo que existe está lejos de
llenar todos los espacios posibles.
Michel Focault en René de Ceccaty,
J. Danet y J. Le Bitoux
[1]


En noviembre del 2005 la Escuela Nacional Preparatoria, Plantel Ocho, Miguel E. Schulz, fue sede del Primer encuentro interpreparatoriano de profesores tutores. Para mi sorpresa se hacia un llamado fuera del IEMS, al que ingresé en el 2003, a debatir sobre la figura del tutor.
Así que el maestro Alberto Aarón Martínez Martínez y una servidora, ambos del plantel Emiliano Zapata, asistimos con el ánimo de aprender y escuchar propuestas de nuestros pares universitarios.
La cátedra con la que abrió el coloquio, después de una calurosa bienvenida en el auditorio del plantel por parte del Director General de la Escuela Nacional Preparatoria, estuvo a cargo de una profesora de filosofía y, para nuestra sorpresa, versó en torno a Michel Foucault y la intensión de algunos directivos por el control y poder hacia los profesores, así como de los profesores por sus estudiantes.
Al parecer la tutoría era interpretada como una forma más de control hacia los estudiantes y al trabajo de los docentes que cuentan con el tiempo completo.
¿A qué se refería la maestra de filosofía cuando citó a Michel Foucault?
El 25 de junio de 1984 el filósofo francés Michel Foucault muere por las complicaciones derivadas del sida. Las incisivas críticas a los sistemas de pensamiento y a las estructuras de poder, y su revisión radical de la historia de los saberes, a partir de la reflexión sobre el nacimiento de la locura, del encierro y de la sexualidad, revolucionaron el pensamiento filosófico.
Focault nos plantea un cuestionamiento profundo y de gran impacto: cuestiona nuestra forma de actuar y si está determinada por el convencimiento o por el miedo en nuestro hacer cotidiano. Es decir, ¿actuamos porque estamos convencidos de lo que hacemos o porque tenemos miedo de ser castigados, señalados y etiquetados como anárquicos, indisciplinados, locos?
Cada vez que surgen los cuestionamientos del por qué tenemos o no que cumplir con las imposiciones del Estado, de la Iglesia o de la escuela estamos en peligro de ser cuestionados porque no acatamos órdenes o ideas del establishment, pero ¿qué sucede?, ¿cómo somos vistos? Y más importante aún, ¿cómo se somete esa conducta?
Es importante señalar que en nuestra labor docente el control es fundamental pero depende de la forma en la que lo pretendamos implantar. Los jóvenes son ruidosos, escandalosos y la forma más común de convencerlos es a través de la evaluación, con las asistencias a clase, exponer al estudiante frente al resto de la clase, hablar con su tutor o darlos de baja de la clase o del sistema.
¿Será la única forma que conocemos los docentes para convencer a los estudiantes de entrar a clase y cumplir con sus tareas y obligaciones?
Para algunos docentes los estudiantes deben de estar altamente motivados, no se toma en cuenta la depresión, se dejan en la casa los problemas personales y a la escuela se va a estudiar. Pero, los altos índices de estudiantes que no cubren sus materias y son parte de las estadísticas de rezago y deserción nos muestran lo contrario.
Todo tutor se enfrenta a un sin fin de estudiantes con bastas problemáticas personales, económicas y familiares. Nos hemos percatado que la relación irrefutable entre los problemas personales y la cobertura de objetivos, de ahí la importancia de cumplir nuestro papel como tutores, de escucharlos, de buscar puntos de vista entre los colegas en los ciclos o sub ciclos y , de ser el caso, canalizarlos con los psicólogos, pedagogos y médicos.
El trabajar con seres humanos en edad de establecer su identidad se ha dejado de lado en los mapas curriculares, no se cuenta con estudios sobre los jóvenes con los que trabajamos y obviamos la importancia de dichos estudios.
Somos especialistas en nuestras áreas docentes y es cierto que nos hemos preparado por años en nuestras especialidades; sin embargo, hemos basado muchas calificaciones y descalificaciones hacia los estudiantes exclusivamente en la cobertura de competencias, cuando el fungir como tutor conlleva un trabajo de escucha, de negociación en donde se requiere establecer acuerdos, así como plantear alternativas junto con los estudiantes, profesores y directivos.
¿Cómo motivamos a nuestros estudiantes?
Si un joven, uno de nuestros estudiantes, cuestiona el devenir de la escuela, de la vida, la utilidad de un aprendizaje y al sentirse juzgado quiere escapar de todo estigma ¿qué será del estudiante? Se le convence, se le castiga y somete, o se le relega etiquetándolo como flojo, apático; el eterno recursador.
Me parece, por demás interesante, apuntalar nuevamente a Focault ya que para él de toda la sociedad que conformamos son muy pocos los que se libran de de la mano opresora del Estado, el ojo que todo vigila y somete sin reparos. Son pocos aquellos los que se atreven a ver el mundo desde el polo opuesto, aquellos que les es permitido vivir en lo que la gente suele llamar con displicencia irracional, ilusorio, fantástico, ¿por qué sería importante adentrarnos en las perspectivas focaultianas?
Porque el cuestionamiento hacia las imposiciones nos permiten reflexionar en nuestra práctica docente, ¿escucho, someto, mediamos o imponemos? Más allá de la respuesta maniquea, del automáticamente reaccionar, reflexionemos sobre la posibilidad de ser empáticos, asertivos, más humanos.
Para Focault el arte tiene una ventaja, al artista se le permite soñar, se le invita a ser fuera de la estructura que es considerada como ordenada, como normal. ¿Podríamos darnos el lujo de ver las cosas desde el polo opuesto?, ¿a qué le tenemos miedo? Las nuevas generaciones de estudiantes se ven rodeados de diferentes necesidades de las que nosotros tuvimos, tecnológicamente están bombardeados de novedades, demasiadas imágenes por segundo, formas muy distintas de comunicación de las que nosotros tuvimos. Nuestras necesidades fueron otras, nuestro transcurrir en la adolescencia quizás fueron otras drogas, otras las adicciones: televisión en lugar de computadores, de la Internet, otro tipo de alimentación, de familias, de economías. Entonces, ¿por qué pretendemos que vean las cosas igual que nosotros?, ¿por qué no acercarnos a escucharlos, a platicar con ellos y sobre todo a aprender de ellos?
II
También la literatura permite ciertas licencias entorno a la fantasía, ideas inverosímiles o irreales, en más de un sentido la obra de de George Orwell y es que 1984 plantea que la vida es y será la “imposición del orden”, el cosmos, la feliz tranquilidad de que el “Big brother” está aquí para velar por nuestra calma. El que llegó para quedarse, ¿ficción o realidad?
Para mi, volviendo al encuentro de tutores de la ENP, plantel 8, la pregunta queda aún en el aire, ¿será que la tutoría es el control normativo que impongo al otro?, ¿será que en vez de tutores seremos llamados Big Brother o Big Sister?, ¿tenemos la capacidad de acompañar al otro llámese joven, adulto compañero, subordinado, jefe? O seguiremos, a la vieja usanza, en la negación y el sometimiento de una de las partes, seguiremos implantando el control. El que está aquí para quedarse.
Pero, ¿qué hilos o constructor genera el control?, ¿por qué insistentemente tenemos que controlar?, ¿qué no hemos reparado en la importancia de relacionarnos con el otro, los otros?
Sostiene Gastón Bachelard, en el libro El agua y los sueños:
“Pero Narciso en la fuente no está entregado tan sólo
a la contemplación de sí mismo. Su propia imagen
es el centro del mundo. Con Narciso, por Narciso,
es todo el bosque el que se mira, todo el cielo el
que viene a tomar conciencia de su grandiosa imagen.”
[2]

Es decir, el ego-centrismo de la eterna contemplación bien puede ser vista con otros, los que miran y dan vida al entorno, a todo lo que nos rodea. ¿No será que al docente se le olvida la contemplación del estudiante? Ya que sin los estudiantes ¿qué seríamos?, ¿en quiénes nos miraríamos?
El cambio es viable en cuanto hay otro, en cuanto nos invita, el otro, a nuevos cuestionamientos de viejos paradigmas, Existe la posibilidad del cambio a partir de mi contacto con los otros, ¿acaso ese será el sentimiento que deseamos evitar, negar el cambio y quedarnos cómoda y placidamente como lo hemos venido haciendo?
Octavio Paz en Piedra de Sol nos invita a vernos en los otros:

Soy otro cuando soy, los actos míos son
más míos si sin también de todos, para que
pueda ser he de ser de otro, salir de mí,
buscarme entre los otros, los otros que no
son si yo no existo, los otros que me dan
plena existencia, no soy, no hay yo, siempre
nosotros.

¿Quién soy yo y quién el otro? Y, sobretodo, ¿quién soy yo sin el otro?
La idea se desdibuja porque aquel que creía ser dejó de serlo, ahora sin cuestionamientos burdos y etiquetas el reto pretende que el docente se replantee su papel y que ahora se dé en pos de otro, se reconozca la otredad ya que pretendemos que al otro, aquí llamado estudiante, sea acompañado en su tránsito por esta corta etapa de su vida llamada bachillerato.
Mtra.Claudia Tonantzin Larrainzar
Plantel: Emiliano Zapata


Bibliografía

1) Suplemento letra S, http://www.jornada.unam.mx/2004/jun04/040603/ls-entrevista.html , 3 de junio 2004, consultado el 26 de febrero del 2005.
2) Gastón, Bachelard, El agua y los sueños, FCE, México DF, México, 1978.

3) Paz, Octavio, Piedra de Sol, Clío, México DF, México, 1957.
[1] Suplemento letra S, http://www.jornada.unam.mx/2004/jun04/040603/ls-entrevista.html , 3 de junio 2004, consultado el 26 de febrero del 2005.



[2] Bachelard, Gastón, El agua y los sueños, p.44